Existe una imagen romantizada del cine independiente: una directora con una cámara, un grupo de amigxs, una historia interesante y listo.
Spoiler: casi nunca funciona así. Antes de llegar a una sala, un festival o una plataforma, una película pasa por algo menos visible y mucho menos cinematográfico: conseguir dinero.
Y no, normalmente no sale de un solo lugar. Fondos públicos. Inversión propia. Coproducciones. Apoyos internacionales. Fondos para viajar. Fondos para distribuir. Fondos para intentar otra vez, etc, etc y etc.

Cuando le pregunté a Rafael Barriga, director ejecutivo del Instituto de Cine y Creación Audiovisual (ICCA), quién sostiene realmente al cine independiente ecuatoriano, respondió algo que cambia bastante la idea de cómo funciona esta industria.
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“El rol del estado es fundamental, yo diría que más del 50% de las películas que se estrenan, que salen en las salas de cine o en las plataformas, tienen un componente, en mayor o menor medida, de los fondos públicos del Instituto de Cine y Creación Audiovisual. Es difícil determinar un promedio, pero sí puedo decir categóricamente que los fondos públicos son fundamentales no solamente para la producción de la película, sino también para los procesos posteriores, para la exhibición, porque damos fondos para distribución y exhibición, y para la internacionalización de esas películas, porque tenemos unos fondos de movilidad que les permiten a los cineastas estar en festivales internacionales.”Eso no significa que el Estado pague películas completas. De hecho, según Rafel, el fondo público suele ser una parte del presupuesto. El resto aparece de otras formas.
El ejemplo que expone es la película de Hiedra:
Parte de la producción recibió apoyo público y después también obtuvo recursos para llegar al circuito internacional. Ese modelo no es raro: una película puede financiar una etapa con un fondo, otra con inversión privada y otra con alianzas internacionales. Pero para acceder al financiamiento primero hay que llenar y mandar formularios, después documentos, después jurados y……. después esperar.
Rafael explica este proceso así:
Según explicó, existe una primera etapa objetiva: cumplir requisitos.
Después viene una segunda etapa más subjetiva: jurados externos (muchas veces internacionales) que evalúan qué proyecto consideran más sólido.
Como explicó Rafael, existen líneas de apoyo para distribución, exhibición y circulación internacional. También fondos de movilidad para que los equipos puedan llegar a festivales y mercados internacionales.
No obstante, Barriga comenta lo que que debería fortalecerse en los próximos años en las políticas públicas del cine independiente:
Al final, el problema no parece ser que no exista apoyo financiero para hacer cine independiente en Ecuador. El problema es cuánto alcanza ese apoyo y quién logra llegar hasta él. Para Rafael Barriga, hoy el reto no pasa solamente por aumentar el dinero disponible, sino por fortalecer todo lo que ocurre alrededor de ese dinero: más fuentes de financiamiento, procesos sostenidos y un sector preparado para competir por esos recursos. Porque hacer una película también implica saber conseguir cómo hacerla posible en un sistema donde cada postulación exige estrategia, documentos y tiempo, lo que ocasiona que el acceso al financiamiento termine dependiendo no solo de las historias que se quieren contar, sino de las condiciones que existen para sostenerlas.

