Cómo el Festival Internacional EDOC sigue siendo un espacio de descubrimiento del cine independiente en Ecuador


Los festivales de cine suelen medirse por cifras: cuántas funciones hubo, cuántas películas llegaron, cuántas personas asistieron. Pero detrás de esos números hay algo más difícil de sostener: el hábito de encontrarse para ver cine.

En Ecuador, mantener un público para el cine independiente implica adaptarse a cambios que van mucho más allá de la programación. Cambian las ciudades, cambian los espacios, cambian los horarios y cambian las formas de moverse. También cambia el país.

Durante estos 25 años del Festival Internacional de Cine Documental “Encuentros del Otro Cine” (EDOC), la pregunta dejó de ser solamente qué películas mostrar. La pregunta empezó a ser cómo lograr que la gente siga llegando.

Volver al mismo lugar cada año. Reconocer una sala. Encontrarse con otras personas. Construir una costumbre alrededor del cine. Para Lisandra Rivera, directora del Festival Internacional de Cine Documental (EDOC), el público del documental no ha desaparecido; ha cambiado junto con las condiciones del país.

Lisandra Rivera; Fuente: Forbes Ecuador
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Los festivales viven precisamente de eso: del rito.

Lisandra cuenta que el festival nació hace 25 años con presencia simultánea en varias ciudades y logró consolidar comunidades que regresaban edición tras edición. Pero cuando cambiaron las sedes, cuando desaparecieron apoyos o cuando ciertos espacios dejaron de existir, también cambió el comportamiento del público.

Lisandra responde a la pregunta:  Después de tantos años del EDOC, ¿cómo describirías hoy al público del cine documental en Ecuador y qué cambios ha visto en sus hábitos de consumo y asistencia?

La pandemia profundizó ese cambio.

Durante dos años el festival pasó a formatos digitales, redujo funciones y cambió completamente la relación entre película y espectador. Pero incluso después del regreso presencial apareció otra variable que sigue condicionando la asistencia: la inseguridad.

Salir de noche, movilizarse, regresar a casa o simplemente permanecer más tiempo fuera dejó de sentirse igual para muchas personas. Eso obligó incluso a modificar horarios de funciones.

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Aun así, el trabajo del festival no se limita a conservar espectadores. También consiste en seguir renovándolos.

Para Rivera, el documental ha cambiado junto con quienes lo miran. Las películas ya no responden únicamente a narrativas tradicionales ni a relatos explicativos. Aparecen historias más personales, formas más libres de narrar y nuevas relaciones entre imagen y experiencia.

Y junto con esas transformaciones también aparecen nuevos públicos.

Por último Lisandra responde a la siguiente pregunta:

Si el EDOC dejara de existir mañana, ¿qué perdería el ecosistema del cine ecuatoriano?

No solo porque proyecta películas que no llegan a otros espacios. También porque crea un momento para detenerse, mirar y descubrir historias que probablemente nunca aparecerían en los recorridos normales del consumo audiovisual.

Después de 25 años, el EDOC ya no funciona únicamente como un festival más. Funciona como una memoria en movimiento: un lugar donde las películas encuentran espectadores y donde los espectadores siguen aprendiendo a mirar y descubrir un nuevo rostro artístico de la realidad ecuatoriana.